Por Arq. Ricardo Marchena
Columna de opinión
Uno de los principales ámbitos de conocimiento y experiencia de Mario Zamora Gastélum se encuentra en el sector agropecuario y agroindustrial de Sinaloa.
Pero conocer cómo funciona la actividad productiva de un estado conduce inevitablemente a otra discusión: qué sucede después de producir.
Porque el desarrollo económico no termina cuando se cosecha, se cría, se pesca o se fabrica.
Ahí comienza otro desafío:
transformar, movilizar, almacenar, comercializar y conectar eficientemente la producción con los mercados.
🚜 El campo produce.
🐂 La ganadería genera valor.
🏭 La industria transforma.
🚚 La logística conecta.
🛣️ La infraestructura integra.
Desde mi perspectiva, ahí existe una oportunidad para ampliar la discusión sobre el futuro económico de Sinaloa.
Si aspiramos a que el estado produzca más y genere mayor riqueza, también necesitamos preguntarnos si contamos con la infraestructura vial, urbana, industrial y logística capaz de acompañar ese crecimiento.
En las zonas rurales y en las comunidades alejadas, la conectividad puede determinar qué tan rápido y a qué costo llega la producción a los centros de transformación, almacenamiento y comercialización.
En las ciudades ocurre algo similar.
El crecimiento económico exige sistemas de movilidad capaces de conectar eficientemente las zonas habitacionales con las áreas comerciales, industriales y de servicios.
Y en los corredores estratégicos del estado, una infraestructura logística moderna puede crear condiciones para que una mayor proporción de lo que Sinaloa produce se transforme dentro de nuestro propio territorio antes de llegar a los mercados nacionales e internacionales.
Eso significa agregar valor.
Y agregar valor significa también crear empleos, servicios especializados, actividad industrial e inversión.
Esta visión, desde luego, no tendría que limitarse al campo, la agricultura o la ganadería.
Debe incluir también a la industria, el comercio, los servicios, el turismo, la actividad portuaria y todas aquellas actividades que forman parte de la economía sinaloense.
La infraestructura dejaría entonces de observarse como un conjunto de obras independientes.
Carreteras por un lado.
Movilidad urbana por otro.
Parques industriales por otro.
Puertos por otro.
La verdadera oportunidad estaría en pensar todo ello como un solo sistema económico que conecta territorios, personas, producción y mercados.
Y pensar en infraestructura obliga también a mirar hacia adelante.
Las grandes obras no deberían diseñarse únicamente para resolver las necesidades actuales.
También deberían anticipar las necesidades que tendrá Sinaloa dentro de diez, veinte o treinta años.
Si el estado aspira a diversificar su economía, atraer nuevas inversiones y participar con mayor fuerza en los mercados nacionales e internacionales, tendrá que preparar desde ahora la infraestructura que ese crecimiento demandará.
Eso implica pensar en proyectos de mediano y largo plazo.
Corredores productivos.
Conectividad carretera.
Movilidad urbana.
Infraestructura industrial.
Logística.
Puertos.
Servicios.
Y nuevas formas de integración regional.
Mario Zamora cuenta con un conocimiento importante del sector productivo y de la realidad económica de Sinaloa.
Además, existen antecedentes de su participación en asuntos relacionados con infraestructura carretera y comunicaciones.
Pero una cosa es conocer esas actividades y otra muy distinta convertirlas en una visión integral de desarrollo.
Ahí está, precisamente, el reto que considero interesante plantear.
¿Cómo podemos pasar de un Sinaloa que principalmente produce a un Sinaloa que también transforma, moviliza, industrializa y genera una mayor proporción del valor agregado dentro de su territorio?
La infraestructura puede ser una de las respuestas.
No como un tema separado de la economía.
Sino como una herramienta fundamental para hacerla crecer.
Desde mi perspectiva, el conocimiento que Mario Zamora ha acumulado sobre los sectores productivos podría servir como punto de partida para construir una discusión mucho más amplia sobre infraestructura vial, movilidad y logística.
Pero esa visión tendría que convertirse después en algo concreto:
prioridades.
proyectos.
costos.
regiones.
plazos.
y resultados medibles.
Porque Sinaloa no necesita únicamente producir más.
Necesita crear las condiciones para aprovechar mejor todo lo que produce.
Producir más.
Transformar mejor.
Mover eficientemente.
Generar mayor valor.
Ese puede ser uno de los grandes debates sobre el futuro económico de Sinaloa.
Arq. Ricardo Marchena








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