De acompañar a agricultores en sus movilizaciones y defender mejores precios para el maíz, a exigir recursos desde el Congreso: la trayectoria reciente de Mario Zamora permite identificar una constante alrededor del campo sinaloense y abre una nueva discusión sobre productividad y rentabilidad por hectárea.
SINALOA.— Para Mario Zamora, el problema del campo sinaloense no ha quedado únicamente en discursos desde una oficina o en intervenciones legislativas.
Durante los últimos años ha acompañado, respaldado y defendido públicamente las demandas de productores que han salido a carreteras, casetas y edificios gubernamentales para exigir mejores condiciones para continuar sembrando.
Esa presencia permite entender mejor una historia que comenzó mucho antes de las movilizaciones recientes y que tiene como protagonistas al maíz, el frijol y, sobre todo, a las familias que viven del campo.
Mario Zamora y una historia ligada al campo
El interés de Mario Zamora por estos temas no comenzó recientemente.
En septiembre de 2019, cuando era senador de la República, intervino durante la discusión de la Ley Federal para el Fomento y Protección del Maíz Nativo.
Zamora llevó a la tribuna la realidad de Sinaloa como uno de los principales productores de maíz del país y expresó preocupación por las consecuencias que determinadas restricciones relacionadas con las semillas podrían representar para los agricultores.
Meses después presentó un punto de acuerdo relacionado con la adquisición y distribución de 275 mil sacos de semilla de maíz señalados como afectados por una plaga, solicitando explicaciones y medidas para atender las posibles pérdidas de los productores.
El planteamiento dejaba sobre la mesa una realidad elemental:
sin una buena semilla, difícilmente puede existir una buena cosecha.
De la tribuna a las casetas
Con el paso de los años, esa relación con el sector agrícola también se trasladó a las movilizaciones de los propios productores.
Uno de los episodios más claros ocurrió el 30 de abril de 2024.
Productores de maíz mantenían tomada la caseta de Costa Rica, sobre la autopista Mazatlán-Culiacán, para exigir mejores condiciones de comercialización. En ese momento solicitaban un precio de 6 mil 950 pesos por tonelada, frente al esquema de aproximadamente 5 mil 450 pesos que les había sido presentado.
Mario Zamora estuvo ahí.
Acompañó a Xóchitl Gálvez y Santiago Creel durante una visita a la caseta y dialogó directamente con los agricultores que participaban en el bloqueo.
Ese mismo día Zamora manifestó públicamente su solidaridad con los productores y sostuvo que el esquema de comercialización planteado era insuficiente para las necesidades del sector.
La protesta generó también confrontación política.
Enrique Inzunza, entonces candidato de Morena al Senado, acusó públicamente a Zamora de estar detrás de las tomas de casetas y atribuyó motivaciones electorales a las movilizaciones.
Zamora rechazó el señalamiento.
Su respuesta fue que él no organizaba las protestas y que su posición era de empatía y solidaridad con lo que consideraba una lucha justa de los productores.
No existe en las fuentes revisadas evidencia independiente suficiente para establecer que Mario Zamora haya organizado aquellos bloqueos, por lo que esa afirmación debe permanecer únicamente como lo que fue: una acusación política expresada por uno de sus adversarios y negada por Zamora.
Lo que sí está documentado es su presencia con los agricultores en la caseta de Costa Rica.
En 2025 volvió a respaldar las movilizaciones
La relación continuó al año siguiente.
En julio de 2025, productores sinaloenses realizaron una toma pacífica de instalaciones de Palacio de Gobierno para presionar por la atención de sus demandas.
Mario Zamora volvió a respaldarlos públicamente.
Calificó la causa de los agricultores como justa y pidió al secretario de Agricultura escuchar y atender al sector.
Meses después, frente a una movilización nacional todavía mayor, volvió a tomar posición.
En noviembre de 2025, agricultores y transportistas preparaban un paro nacional que contemplaba bloqueos de casetas, carreteras y aduanas.
Zamora defendió públicamente su derecho a manifestarse.
Su planteamiento fue que los productores no estaban solicitando regalos, sino herramientas, certidumbre y condiciones que les permitieran seguir produciendo.
La posición resulta importante porque conecta directamente las movilizaciones agrícolas con el problema que Zamora ha llevado también al Congreso:
la rentabilidad.
En 2026 llevó las protestas hasta la Cámara de Diputados
La secuencia continuó este año.
En abril de 2026, mientras productores realizaban nuevamente bloqueos carreteros para exigir certidumbre en la comercialización de sus cosechas, Mario Zamora llevó sus demandas a la tribuna de la Cámara de Diputados.
Pidió a legisladores de diferentes partidos respaldar a los agricultores y sostuvo que el precio internacional del maíz, ubicado entonces alrededor de los 4 mil 100 pesos por tonelada, resultaba insuficiente frente a los costos de producción.
También denunció que permanecían pendientes alrededor de 400 millones de pesos en apoyos para más de 23 mil productores, vinculando los incumplimientos gubernamentales con el creciente descontento que había llevado nuevamente a los agricultores hacia carreteras y casetas.
La secuencia comienza entonces a ser difícil de ignorar
Pero defender al productor también significa evitar que tenga que bloquear una carretera
Aquí aparece quizá la evolución más interesante de esta discusión.
Las movilizaciones agrícolas son consecuencia de un problema, no deberían convertirse en la política agrícola permanente de Sinaloa.
El objetivo tendría que ser que cada vez menos productores necesiten llegar a una carretera, una caseta o un edificio gubernamental para conseguir condiciones que les permitan sobrevivir.
Y para eso no basta con resolver el precio después de cosechar.
Hay que trabajar desde antes de sembrar.
Sembrar mejor
Aunque todavía no existe una propuesta formal que reúna todos estos planteamientos en una sola estrategia, las intervenciones de Mario Zamora a lo largo de los años permiten identificar varios de los elementos que podrían darle forma: mejores semillas, mayor productividad, rentabilidad, comercialización y mejores condiciones para los productores.
La oportunidad consiste en evolucionar de una política concentrada principalmente en rescatar al agricultor cuando enfrenta una crisis hacia otra que también reduzca sus riesgos desde el inicio del ciclo agrícola.
Y para eso existe tecnología.
El INIFAP ha desarrollado variedades mejoradas de frijol adaptadas a diferentes condiciones productivas.
En Sinaloa existen materiales cuyos rendimientos experimentales han superado las tres toneladas por hectárea, además de variedades desarrolladas buscando resistencia a enfermedades y mejores características agronómicas.
La discusión podría entonces avanzar.
No solamente preguntar:
¿Cuánto apoyo necesita el productor?
Sino:
¿Cómo conseguimos que produzca más valor con cada hectárea que siembra?
Una oportunidad para la sierra de Sinaloa
Es precisamente en las regiones serranas donde esta visión podría adquirir una dimensión social todavía mayor.
La sierra necesita carreteras, servicios y seguridad.
Pero necesita también oportunidades económicas.
Una agricultura basada en variedades de mayor productividad podría formar parte de esa estrategia, siempre que previamente exista investigación que determine qué cultivos y variedades funcionan realmente en cada territorio.
Porque no existe una semilla milagrosa.
Lo que funciona en los grandes valles agrícolas de Sinaloa no necesariamente tendrá el mismo comportamiento en Badiraguato, Choix, Concordia, San Ignacio o cualquier otra región serrana.
Altitud, temperatura, precipitación, suelo y disponibilidad de agua cambian.
Por eso el camino tendría que comenzar con ciencia.
Primero probar; después crecer
Una estrategia responsable podría comenzar con parcelas demostrativas.
Seleccionar comunidades.
Analizar suelo, agua y clima.
Trabajar junto con instituciones de investigación.
Identificar variedades de maíz y frijol potencialmente adecuadas.
Sembrarlas.
Medir rendimientos.
Comparar costos.
Y finalmente responder la pregunta que realmente importa:
¿Cuánto ganó el productor por hectárea?
Si funciona, escalar.
Si no funciona, corregir.
Porque alto rendimiento no debería significar únicamente producir más toneladas.
Debería significar mayor rentabilidad para quien trabaja la tierra.
De acompañar las protestas a atacar las causas
Ahí puede encontrarse el siguiente paso para Mario Zamora.
Ha acompañado productores.
Ha respaldado sus movilizaciones.
Ha defendido sus demandas públicamente.
Ha hablado de semillas.
Ha exigido mejores precios.
Ha solicitado mayores presupuestos.
Y ha llevado sus reclamos hasta las tribunas del Congreso.
Ahora existe la oportunidad de conectar todas esas piezas.
Semilla adecuada + tecnología + asistencia técnica + financiamiento + comercialización = mayor posibilidad de rentabilidad.
La mejor política agrícola no sería aquella que consigue resolver una protesta cada temporada.
Sería aquella que consiga reducir las razones que obligan al productor a protestar.
Del lado del productor, pero mirando hacia adelante
Durante demasiado tiempo hemos hablado del campo sinaloense desde la crisis:
sequía, precios bajos, falta de apoyos, carteras vencidas y movilizaciones.
Todas son realidades que deben atenderse.
Pero también necesitamos comenzar a hablar del campo desde otra perspectiva:
productividad, tecnología, financiamiento, rentabilidad y generación de riqueza.
Mario Zamora ha construido durante años una relación política con estos temas.
Desde aquella discusión sobre las semillas en 2019 hasta su presencia junto a productores en las casetas y posteriormente su defensa desde la Cámara de Diputados, existe una trayectoria que puede documentarse.
El siguiente desafío sería convertir esa experiencia en una visión integral.
Porque defender al productor cuando sale a manifestarse es importante.
Pero construir condiciones para que pueda vivir dignamente de lo que produce sería todavía más trascendente.
Quizá ahí esté el siguiente paso para el campo sinaloense:
sembrar mejor, producir mejor y conseguir que vivir del campo vuelva a ser un buen negocio.








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