La posible candidatura de la senadora por Morena comienza a definir con mayor claridad la contienda por Sinaloa. Las mediciones disponibles muestran que Zamora incrementa considerablemente su competitividad cuando aparece encabezando una oposición unificada.
CULIACÁN, SINALOA.— El escenario político rumbo a la gubernatura de Sinaloa comienza a tomar forma y Mario Zamora Gastélum aparece como uno de los principales beneficiados de una eventual definición de Imelda Castro como candidata de Morena.
No porque la elección esté decidida —faltan meses para conocer las candidaturas y las encuestas disponibles ofrecen resultados diferentes—, sino porque la posibilidad de que Morena concentre su candidatura alrededor de Imelda comienza a clarificar el contraste que podría dominar la elección de 2027.
De un lado estaría la continuidad del proyecto político de Morena. Del otro, una oposición que tendrá que decidir si compite fragmentada o intenta construir una candidatura común.
Y es precisamente en ese segundo escenario donde Mario Zamora muestra sus mejores números.
Zamora tiene una ventaja: no empieza desde cero
Mario Zamora ya disputó la gubernatura de Sinaloa en 2021 y actualmente es diputado federal.
Su trayectoria le proporciona reconocimiento estatal, experiencia en una campaña por la gubernatura y presencia política en distintas regiones de Sinaloa.
Además, distintas mediciones lo colocan como uno de los perfiles con mayor fortaleza dentro del PRI.
México Elige reportó en junio de 2026 que Zamora alcanzaba 44.7% de las preferencias entre la población consultada al preguntar quién debería representar al PRI rumbo a la gubernatura.
Entre simpatizantes priistas, el respaldo alcanzó 69.9%.
Ese posicionamiento le permite participar en la discusión opositora desde una condición diferente a la de un aspirante que tuviera que construir reconocimiento desde cero.
El escenario que fortalece a Zamora
Una de las mediciones que mejor ilustra la importancia de la unidad opositora fue publicada por Arias Consultores.
En un escenario donde Mario Zamora encabezaba una alianza PAN-PRI, obtuvo 42.6% de intención de voto, frente a 18.2% para Imelda Castro, postulada por Morena-PT, y 13.2% para Sergio “Pío” Esquer por Movimiento Ciudadano.
La medición registró además 26% de personas indecisas.
En otro escenario planteado por la misma encuestadora, una coalición PAN-PRI-MC encabezada por Zamora alcanzó 47.6%, mientras Imelda Castro obtuvo 25.7%.
Las cifras no constituyen un pronóstico de lo que ocurrirá en las urnas.
Sí muestran, sin embargo, una variable política relevante: la competitividad de Mario Zamora aumenta considerablemente cuando aparece concentrando el voto opositor.
La fragmentación cambia completamente el escenario
Existe evidencia que obliga a poner esos resultados en perspectiva.
Una encuesta de El Financiero levantada en julio presentó a los partidos opositores compitiendo por separado.
En ese escenario, Imelda Castro alcanzó 40% de intención de voto, mientras Mario Zamora registró 15%, Eduardo Ortiz 11% y Sergio Esquer 7%.
La diferencia entre ambas mediciones es significativa.
Y precisamente por eso puede resultar más importante analizar la estructura de la competencia que intentar declarar anticipadamente quién encabeza la elección.
Con una oposición fragmentada, Morena conserva una ventaja importante en algunas mediciones.
Con una oposición concentrada alrededor de Zamora, determinados ejercicios demoscópicos muestran una contienda completamente distinta.
La candidatura de Imelda podría ordenar también a la oposición
Si Morena finalmente se decantara por Imelda Castro, una parte importante de la incertidumbre dentro del bloque gobernante comenzaría a despejarse.
Paradójicamente, esa definición también podría acelerar las decisiones de sus adversarios.
PRI, PAN y Movimiento Ciudadano tendrían que determinar si enfrentan por separado a Morena o si existen condiciones políticas para construir una alternativa común.
En esa negociación, Mario Zamora tendría varios activos sobre la mesa:
experiencia electoral estatal, reconocimiento público, posicionamiento dentro del PRI y mediciones que muestran su potencial cuando encabeza una alianza.
Eso no significa que actualmente exista una candidatura opositora acordada.
Tampoco que PAN, PRI y Movimiento Ciudadano hayan decidido competir juntos.
Significa que Zamora dispone de argumentos políticos y demoscópicos para intentar colocarse en el centro de esa discusión.
La paridad no debe simplificarse
Otro elemento que formará parte de las decisiones partidistas será la paridad de género.
La eventual candidatura de una mujer por Morena no significa automáticamente que todas las demás fuerzas políticas tengan que presentar también una mujer específicamente en Sinaloa.
Sin embargo, los partidos deberán sujetarse a las reglas de paridad aplicables al conjunto de gubernaturas que estarán en disputa y a las determinaciones electorales correspondientes al proceso 2027.
Por ello, todavía sería prematuro afirmar categóricamente qué género podrá postular cada fuerza política específicamente en Sinaloa.
Mario Zamora entra en una etapa diferente
La posible candidatura de Imelda Castro no necesariamente representa una mala noticia para Mario Zamora.
Políticamente puede producir el efecto contrario.
Al comenzar a definirse el posible rostro de Morena, también se vuelve más clara la pregunta que deberá responder la oposición:
¿quién tiene mejores condiciones para construir una candidatura competitiva frente al partido gobernante?
Mario Zamora tiene experiencia, reconocimiento y una posición dominante dentro del PRI en distintas mediciones.
Pero existe un factor todavía más importante.
Los ejercicios demoscópicos revisados muestran que su principal oportunidad no depende únicamente de su posicionamiento individual.
Depende de su capacidad para convertirse en un punto de encuentro de la oposición.
Ahí puede estar la verdadera importancia del escenario que abre Imelda Castro rumbo a 2027.






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