A más de nueve décadas de su llegada a la Presidencia Municipal, la historia de Alfonso Tirado Osuna conserva una característica extraordinaria: su nombre continúa asociado en Mazatlán con honestidad, cercanía y servicio público.
MAZATLÁN, SINALOA.— ¿Quién ha sido el mejor presidente municipal en la historia de Mazatlán?
No existe una encuesta histórica ni un indicador objetivo capaz de responder definitivamente esa pregunta.
Pero cuando se revisan los personajes que han gobernado el puerto, hay un nombre que ha conseguido sobrevivir al paso de las generaciones: Alfonso “Poncho” Tirado Osuna.
Fue presidente municipal de Mazatlán del 1 de enero de 1933 al 31 de diciembre de 1934. Su administración ocurrió hace más de 90 años, pero diferentes registros históricos continúan destacando una característica de su paso por el Ayuntamiento: la honradez.
Un presidente que no cobró sueldo
Uno de los episodios más recordados de su administración resulta difícil de imaginar en la política contemporánea: las referencias históricas consultadas señalan que Tirado no cobró sueldo durante su gestión municipal.
No fue el único rasgo que construyó su reputación.
También se le atribuye haber establecido apoyos y becas para hijos de familias de escasos recursos y haber destinado medicamentos para personas necesitadas.
La idea que aparece reiteradamente en las reconstrucciones sobre su administración es sencilla: el dinero público debía utilizarse para atender a la comunidad.
Cuando dijo no a gastar el dinero público
Existe otro episodio que terminó formando parte de la memoria alrededor de Poncho Tirado.
Durante una visita de Plutarco Elías Calles a Mazatlán, Tirado se habría negado a que un costoso banquete realizado en el Hotel Belmar fuera pagado con recursos del Ayuntamiento.
La anécdota ha sobrevivido durante décadas precisamente porque sintetiza la imagen que posteriormente acompañaría al expresidente municipal: separar el dinero público de los privilegios de quienes ejercían el poder.
Más allá de la anécdota, diferentes referencias históricas describen su administración como un gobierno caracterizado por la honradez y por mejoras materiales para Mazatlán.
De alcalde a figura popular
Cuando terminó su administración, Tirado regresó a sus actividades empresariales y agroindustriales.
Pero políticamente ocurrió algo importante.
Su popularidad continuó creciendo.
Su nombre comenzó a mencionarse como una posible opción para competir posteriormente por la gubernatura de Sinaloa.
Nunca llegaría a hacerlo.
Alfonso Tirado Osuna murió asesinado en Culiacán el 10 de junio de 1938, cuando tenía apenas 36 años.
Las circunstancias políticas que rodearon aquel crimen han generado numerosas versiones y relatos históricos. Algunas atribuyen motivaciones políticas al homicidio; sin embargo, esas interpretaciones deben distinguirse de los hechos judicialmente acreditados y no pueden presentarse como certezas sin documentación suficiente.
Una despedida multitudinaria
Hay otro elemento que permite dimensionar la popularidad que había alcanzado.
Después de su muerte, su cuerpo fue trasladado a Mazatlán y distintas reconstrucciones históricas señalan que miles de personas acudieron a recibirlo y acompañaron el cortejo hacia La Palma Sola.
También hubo manifestaciones de estudiantes a quienes había apoyado en actividades de servicio social.
Su figura comenzó entonces a trascender la política.
Poncho Tirado terminó convirtiéndose en parte de la memoria popular del sur de Sinaloa.
Su nombre ha aparecido posteriormente en homenajes, investigaciones, relatos y corridos.
Más de ocho décadas después de su muerte todavía se han organizado actos en Mazatlán para recordar su trayectoria.
¿Fue el mejor alcalde de Mazatlán?
Históricamente, esa afirmación no puede demostrarse de manera objetiva.
Mazatlán ha tenido numerosos presidentes municipales bajo circunstancias económicas, sociales y políticas completamente diferentes y no existe una evaluación comparable de todas esas administraciones.
Pero existe otra pregunta que quizá sea más interesante:
¿Cuántos alcaldes siguen siendo recordados por su manera de utilizar —o de negarse a utilizar— el dinero público más de 90 años después de haber gobernado?
Ahí aparece la singularidad de Alfonso Tirado.
Su legado no depende solamente de las obras realizadas durante dos años de gobierno.
Depende de algo mucho más difícil de conservar en política: una reputación.
Honradez.
Austeridad.
Ayuda a quienes tenían menos.
Cercanía con la población.
Y una concepción del servicio público en la que gobernar significaba administrar recursos que pertenecían a los ciudadanos.
Por eso, aunque ningún documento pueda otorgarle oficialmente el título de “mejor presidente municipal de la historia de Mazatlán”, existen suficientes elementos históricos para colocarlo entre los alcaldes más emblemáticos y recordados que ha tenido el puerto.
Y quizá ahí se encuentre la verdadera dimensión de su legado.
Gobernó solamente dos años. Mazatlán todavía recuerda su nombre más de nueve décadas después.








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