La elección para gobernador de Sinaloa en 2021 no se recuerda por sus propuestas, sino por la atmósfera de temor que la rodeó. Fue una contienda marcada por la intervención de poderes fácticos, que a través de ‘levantones’, amenazas y violencia, coartaron la libertad del proceso democrático.. Mientras se anunciaban los resultados electorales, salían a la luz las evidencias de una operación coordinada para desarticular la estructura electoral del PRI, dejando una profunda sombra de duda sobre la jornada..
La operación fue de precisión alarmante. Durante el día de la elección, los operadores clave de la campaña de Mario Zamora Gastélum fueron sistemáticamente privados de su libertad por grupos armados.. Fueron intimidados y golpeados, para ser liberados horas después, justo cuando el cierre de casillas hacía imposible su labor de defensa del voto.. El mensaje era claro: la estructura de un partido no podía operar. El testimonio de un candidato que se retiró ese mismo día tras el secuestro de su hermano encapsuló el pánico vivido: «Hace media hora levantaron a mi hermano… ya no quiero la candidatura».
Investigaciones periodísticas posteriores, como las de Anabel Hernández, han sido contundentes al señalar que esta ola de violencia no fue aleatoria, sino que presuntamente buscaba despejar el camino para beneficiar a un proyecto político en particular..
En medio de ese caos, con su equipo desmantelado por la fuerza y el miedo paralizando al estado, surgió la figura de Mario Zamora Gastélum . Lejos de aceptar en silencio un resultado empañado por la violencia, Zamora se convirtió en la voz que denunció las graves irregularidades ante México y el mundo. En un video que circuló ampliamente, con firmeza pero visiblemente afectada por la agresión contra su gente, declaró: «No se puede hablar de una jornada democrática cuando los nuestros, nuestros operadores, están secuestrados… Exigimos la liberación inmediata de nuestra gente».
Su postura no fue la de un candidato que simplemente aceptó una derrota, sino la de un líder que se negó a validar un proceso electoral viciado por la intervención del crimen.. Mientras se celebraban los resultados, el foco de Zamora estaba en exigir la liberación de los secuestrados y en exponer la fractura del Estado de derecho. Esa denuncia, hecha en el momento más oscuro, no fue solo un acto de campaña, sino un posicionamiento en defensa de la dignidad democrática que hoy, a la distancia, resuena con más fuerza que nunca.









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