CULIACÁN, SIN.- En un ejercicio de autocomplacencia que rayó en el cinismo, los diputados federales de Morena por Sinaloa rindieron su primer informe legislativo en un evento que será recordado no por sus supuestos logros, sino por sus vacíos: un auditorio con más sillas vacías que ciudadanos, un discurso desconectado de la realidad y la ausencia total de autocrítica.
Mientras los legisladores se turnaban en el podio para enumerar las «bondades» de las reformas presidenciales y los programas sociales federales, afuera, en el Sinaloa real, la historia era otra. El mismo domingo del informe, la Fiscalía del Estado confirmaba una jornada violenta con siete personas asesinadas, tres de ellas mujeres. Pero en el universo paralelo de los diputados de la 4T, el tema de la inseguridad fue apenas una mención protocolaria.
El evento, descrito por la prensa como «desangelado» y «protocolario», fue la materialización de la queja ciudadana: los diputados de Morena no representan a Sinaloa en la Ciudad de México; representan a la Ciudad de México en Sinaloa. Su informe no fue una rendición de cuentas a quienes los eligieron, sino un acto de lealtad al poder central.
No hubo una sola mención profunda a la crisis del campo, a pesar de que ellos mismos aprobarán un presupuesto que la oposición ha calificado como una «burla» para los productores. No hubo una respuesta contundente a la crisis de salud que colapsa los hospitales. Solo hubo autoelogios y la repetición de un guion escrito a miles de kilómetros de distancia.
El informe de los diputados de Morena no tuvo eco porque fue un monólogo. Un teatro montado para ellos mismos, que evidencia la profunda fractura entre la clase política gobernante y un estado que exige representantes, no voceros.








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