CULIACÁN, SIN.- Un sistema de salud colapsado, con hospitales en ruinas, un desabasto crónico de medicamentos y médico personal trabajando en la precariedad. Esa es la cruda realidad que enfrentan miles de sinaloenses a más de un año de la fallida transición al modelo federal IMSS-Bienestar, un proyecto que prometió servicios de primer mundo y que ha entregado un abandono sin precedentes.
Mientras el discurso oficial habla de logros y federalización, la evidencia en los pasillos de los hospitales cuenta una historia de terror. El Hospital Pediátrico de Sinaloa , que debería ser un santuario para los niños enfermos, se ha inundado con aguas negras y ha operado con equipo esencial, como su único tomógrafo, descompuesto por meses, obligando a trasladar a infantes en estado crítico para realizarles estudios básicos..
La situación no es mejor en el histórico Hospital Civil de Culiacán , que opera con una infraestructura con más de 30 años de antigüedad sin recibir una inversión significativa.. Aquí, como en el resto de los nosocomios reconvertidos, el desabasto es la norma. Pacientes y sus familias denuncian que deben comprar desde el material de curación más elemental hasta costosos medicamentos oncológicos.
La crisis también ha golpeado al personal de salud. La centralización ha dejado a cientos de médicos, enfermeras y personal administrativo en una total incertidumbre laboral, con contratos irregulares y sin la certeza de sus derechos, lo que ha detonado protestas en todo el estado..
El propio gobernador, Rubén Rocha Moya, ha tenido que admitir las «dificultades» del proceso., pero sus palabras no alivian el sufrimiento de una población que ve cómo el derecho a la salud se ha convertido en una lotería. La promesa de un sistema de salud «como el de Dinamarca» se ahogó en la burocracia y la negligencia, dejando a los sinaloenses con una sola certeza: en el IMSS-Bienestar, la salud no es un derecho, es un milagro.









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