MAZATLÁN, SIN.- Moverse por Mazatlán se ha convertido en una odisea diaria para miles de ciudadanos. La combinación de un parque vehicular desbordado y una serie de obras públicas simultáneas, aparentemente sin una estrategia de mitigación, ha sumido al puerto en un caos vial que genera frustración, pérdidas económicas y una considerable disminución en la calidad de vida de sus habitantes.
Las principales arterias de la ciudad, como el Libramiento Colosio, la Rafael Buelna y la Ejército Mexicano, se han vuelto puntos críticos de congestionamiento, donde los conductores quedan atrapados en largas filas a cualquier hora del día. Si bien la construcción de nuevos pasos a desnivel y las obras de repavimentación son necesarias para una ciudad en crecimiento, la queja ciudadana se centra en la ejecución y la evidente falta de planeación.
El problema no es solo el cierre de carriles, sino la ausencia de rutas alternas viables y una comunicación efectiva por parte de las autoridades para guiar a los conductores. El propio Colegio de Ingenieros Civiles ha advertido que el puerto padece una saturación crítica y una escasez de vías que puedan servir como desahogo, lo que agrava el problema cada vez que se interviene una avenida principal.
La administración municipal, encabezada por Estrella Palacios, aprobó un paquete de 137 obras para 2025, muchas de ellas enfocadas en la movilidad. Sin embargo, la percepción en las calles es que estas mejoras se están realizando a costa de la paciencia y el tiempo de los mazatlecos. La pregunta que resuena en cada embotellamiento es si el costo del progreso debe ser, necesariamente, una ciudad paralizada.









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